Marcos Castro, o simplemente “Nabo”, es símbolo de identidad y pasión en Hualcará, tierra del gran Lolo Fernández.
Vecino, deportista y amigo del pueblo, su nombre resuena en cada cancha y en cada conversación, no solo en Imperial sino en todo Cañete.
Se inició en el “Lolo” Fernández de su natal barrio. Luego llegó al Atlético Independiente y a Walter Ormeño, en la Segunda Profesional de Fútbol. Un back central de polendas.
Optó por la blanca del Ormeño para perennizarse en el club y retirarse con los galardones merecidos, en hombros de los hinchas que hoy añoran.
“Es orgullo de Hualcará. Pero su amor es por la Blanca”, repiten sus amigos, resaltando el cariño que Nabo lleva tatuado por su tierra y por los colores que defiende con el alma.
Hualcará, tierra de tradición y gente trabajadora, encuentra en personajes como Nabo Castro el reflejo de su esencia: humilde, apasionada y siempre fiel a sus raíces.
Tranquilo, pero franco y sincero para decir las cosas por su nombre, como todo buen sepulvedano, «sin pelos en la lengua».
En su época escolar también vistió la celeste y trajo laureles al plantel con su DT Félix «Pato» López.

